EE.UU. se podrķa haber ahorrado un pasaje
por Gabriel Puricelli*
Las expectativas suscitadas por la apertura retórica de Barack
Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago hacia
una redefinición positiva de las relaciones con América
Latina han dado paso a una aguda decepción. En primer lugar,
las declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, con
una amenaza nada velada a “quienes quieran flirtear con Irán” (que
no estuvo dirigida a nuestro país, que tiene -por muy buenas
razones- pésimas relaciones con Teherán), provocaron
perplejidad en Brasilia y una sensación de “otra vez
sopa” en La Paz y Caracas.
Esas expectativas ya venían disolviéndose al compás
de la larguísima demora de los EE.UU. en designar a funcionarios
que deben fungir de interlocutores privilegiados con nuestra región.
En efecto, la derecha republicana en el Senado bloqueó durante
meses las designaciones de Arturo Valenzuela como Subsecretario de
Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado y de su predecesor
Thomas Shannon como Embajador en Brasil, hasta que obtuvo en trueque
la definición de que Washington reconocería las elecciones
presidenciales en Honduras aun si Manuel Zelaya no era restituido.
La correlación de fuerzas doméstica en los EE.UU. provocó un
giro de 180 grados, enfrentando a su gobierno actual con la opinión
mayoritaria de los países del hemisferio.
En ese contexto llegó Valenzuela al MERCOSUR. La actitud
de Brasil fue muy precisa en lenguaje diplomático: ninguna
reunión con ningún funcionario que esté por
encima del nivel de vice-ministro que tiene el estadounidense, sólo
con el Secretario General de Itamaraty, Antonio Patriota y con el
asesor presidencial Marco Aurélio García. Valenzuela
hizo malabares para explicar que no hubo amenaza a Brasil y adjetivó las
diferencias bilaterales como “normales”.
En Argentina, los prolegómenos de la visita no anunciaban
nada bueno, en tanto alguna “fuentes” dejaron saber (y
ciertos medios dieron amplio eco) que un recibimiento por debajo
del nivel de la presidenta iba a ser considerado una descortesía.
Ello, a pesar de que ya se le había concedido una entrevista
con el Jefe de Gabinete, que está algo más de un escalón
por encima de la jerarquía formal de Valenzuela. Todo daba
ya cuenta del poco peso que se le reconoce a nuestro país.
Sin embargo, las declaraciones que realizó el Subsecretario
de Estado al cierre de la visita hicieron que en definitiva hubiera
sido mejor que no se tomara la molestia de venir: su único
efecto ha sido la esperable queja del canciller Jorge Taiana a su
par estadounidense.
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*Gabriel Puricelli es Co-coordinador del Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas.
Publicado en el diario argentino Miradas al Sur el Domingo 20 de
diciembre de 2009
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