|
Sin asumirse como intelectual revolucionario – al estilo de los que serian llamados “marxistas occidentales” –, aunque con la responsabilidad del dirigente revolucionario, al estilo de las generaciones anteriores, que necesariamente envolvían la capacidad intelectual de elaboración (Nota: Ver: Anderson, Perry, Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, México,. 1987). Responsabilidad que obligaba a captar la realidad concreta, incluyendo sus contradicciones, esenciales para definir los eslabones más fuertes y más débiles de cada campo, para poder desembocar en los espacios más favorables a la acumulación de fuerzas con el fin de revertir las condiciones desfavorables.
Los análisis que no desembocan en esa dirección habrán dejado de captar las contradicciones vivas de la realidad, tendiendo a mantenerse como miradas descriptivas, con los riesgos propios del funcionalismo. Frecuentemente destacan aspectos de la realidad y los absolutizan, o por lo menos los sacan de contexto y, principalmente, no dan cuenta de la totalidad del fenómeno, con la contradicción como su motor.
La crítica, simplemente, no remite a la práctica, se resigna a una visión externa al objeto analizado. La crítica siempre fue, para el marxismo, para la dialéctica, una forma de limpieza del campo de concepciones que reflejan en forma parcial o completamente equivocada la realidad, no para detenerse ahí, sino para incorporar sus elementos de verdad, negarlos en sus falsedades y poder, así, estar en condiciones de superarlas.
La crítica sin la práctica superadora correspondiente lleva a la inacción, al pesimismo, a la desmovilización y, en el límite, a la desmoralización.
|
|