Algunos pocos kilómetros del Mar del Caribe separan Cuba de Haití. En la década del cincuenta, ambos países tenían altísimos índices de exclusión y segregación educativa. A mediados de los años setenta, en el contexto de los profundos cambios políticos promovidos por su proceso revolucionario, Cuba estaba cerca de superar el promedio latinoamericano de oportunidades de acceso y permanencia en el sistema escolar. Haití, por su parte, tenía sólo 25% de la población infantil matriculada en una escuela. En el año 2000, Cuba tenía una tasa de escolarización de 97% en su educación pre-primaria. Haití no disponía de datos al respecto, aunque se supone que no por buenos motivos. Hoy, la totalidad de los niños y niñas cubanos van a la escuela primaria. En Haití, 79% de ellos. Cuba posee 82% de los jóvenes matriculados en instituciones secundarias. Haití, 20%. No se disponen de datos sobre la tasa de escolarización en la educación superior haitiniana. El sistema universitario cubano es uno de los más democráticos del mundo en sus oportunidades de acceso, permanencia y gratuidad.
Actualmente, entre la población con más de 15 años, Haití tiene una tasa de analfabetismo, de 53,2%. En Cuba, 99,8% de la población se encuentra alfabetizada. Haití posee, en el nivel primario, 31 alumnos por docente. Cuba, 11.
En Cuba, la esperanza de vida en el sistema educativo (para quienes acceden a la educación primaria y secundaria) es de casi 13 años. En Haití, la escolaridad obligatoria es la más baja de América Latina y el Caribe (6 años), y pocos llegan a cumplirla. Una relación semejante a la que existe en las esperanzas de vida de haitianos y cubanos. Los hombres haitianos viven, en promedio, 47 años; las mujeres, 51. Los hombres cubanos, 74 años; las mujeres, 78.
Cuba suele no ser autorizada a participar en las pruebas internacionales de medición de la calidad de los sistemas escolares. Sin embargo, cuando lo ha hecho, como en el caso de las mediciones realizadas por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación de la UNESCO, sus resultados son semejantes o superiores a los obtenidos por las naciones más desarrollados del planeta y se distancian abismalmente de los resultados promedio obtenidos por los otros países de la región. No se dispone de datos sobre la calidad de los aprendizajes de los niños y niñas haitianos. Se estima que no son mejores a los de los alumnos y alumnas brasileros, chilenos, colombianos, mexicanos, peruanos y uruguayos, cuyos países obtuvieron los últimos lugares en las pruebas internacionales de medición de la calidad aplicadas en años recientes (como por ejemplo, las pruebas TIMSS, realizadas por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento de los Alumnos, consorcio internacional con sede en Holanda y el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes – PISA, de la OCDE)